Múltiples Formas de Acción y Expresión
El principio de proporcionar Múltiples Formas de Acción y Expresión es uno de los tres pilares fundamentales del DUA y se centra específicamente en el "cómo" del aprendizaje. Su sustento neurobiológico se encuentra en las Redes Estratégicas, localizadas en los lóbulos frontales del cerebro, las cuales son responsables de la planificación, organización y ejecución de tareas conscientes. El objetivo central de este componente es permitir que cada estudiante interactúe con la información y demuestre sus conocimientos apelando a sus propias habilidades, intereses y preferencias. Al implementar este principio, el sistema educativo busca que el alumnado se convierta en un aprendiz estratégico y orientado a cumplir metas, promoviendo una verdadera Educación Inclusiva.
Para su aplicación efectiva en el aula, este principio se desglosa en tres pautas esenciales: proporcionar opciones para la interacción física, para la expresión y la comunicación, y para las Primer Corte/Funciones Ejecutivas. Esto exige que el docente diversifique los medios de comunicación, permitiendo el uso de textos, audios, videos o productos artísticos, y ofrezca niveles de apoyo graduados o Andamiaje para que todos alcancen los objetivos propuestos. Es fundamental que el entorno escolar identifique y elimine las barreras que limitan la participación, garantizando la equidad para estudiantes con Di(≠)capacidad} o aquellos que presentan una Trayectoria Diversa del Desarrollo Plus. Estos apoyos específicos deben articularse formalmente a través del PIAR cuando las transformaciones generales del aula no sean suficientes.
Un aspecto crucial de las Múltiples Formas de Acción y Expresión es el desarrollo de las Primer Corte/Funciones Ejecutivas, que comprenden procesos de alto nivel como la planificación, la Memoria Operativa y el automonitoreo. Los docentes deben guiar a los estudiantes en el establecimiento de metas realistas y enseñarles técnicas estratégicas para la resolución de problemas, evitando que el aprendizaje se reduzca al simple ensayo y error. Al facilitar herramientas para la gestión de recursos y la reflexión sobre los propios avances, se potencia la autonomía y el éxito de la totalidad del estudiantado. Finalmente, este enfoque invita a transformar la evaluación en un proceso flexible y formativo, donde el progreso se valore de acuerdo con la variabilidad natural de cada aprendiz.